Lo que hago cuando tengo la sensación de haber perdido a alguien.

Publicado en General el 29 de Abril, 2009, 10:59 por Laurarob
Cierro el pestillo del baño. Me giro hacia la derecha y me miro en el espejo, juzgando mis virtudes y defectos, que quizás hayan influido en la sucesión de los hechos. Los pensamientos se arremolinan en mi cabeza, dan vueltas una y otra vez. Van hacia atrás, para de pronto volver al presente, y casi en seguida, echar un rápido vistazo al futuro. Pienso lo mismo siempre. Por qué sucedió así. Cómo lo pude evitar en su momento. Por qué es todo así ahora. Cómo lo puedo arreglar.

Por qué, y cómo.

Me desvisto, poco a poco, y con cada prenda, un pensamiento nuevo cruza mi cabeza, pero siempre en el mismo lugar: el pasado. Recordando, recordando, y recordando.

Abro el grifo de la ducha, y pongo la mano debajo para sentir su temperatura. Mientras siento que está caliente, noto cómo el agua se desliza entre mis dedos, y comienzo a sentirme mejor.

Me meto en la ducha, y pongo el tapón para que el agua que caiga, vaya llenando la bañera. Me quedo de pie, quieta, desnuda, mirando a la pared lisa, volviendo a pensar una y otra vez, y es en ese momento cuando sale toda mi agonía. Mientras siento el agua recorrer todo mi cuerpo, cierro los ojos y dejo que las lágrimas se mezclen con las gotas que caen desde arriba, y que mis sollozos los ahogue el sonido del agua.

Pero mi ritual da resultado, y conforme la bañera se llena, los pensamientos se vacían de mi cabeza.

Dejo de llorar. Sólo se oye el ruido del agua al caer sobre más agua.

Entonces me siento, y aún con la ducha puesta, juego con el líquido que ha llenado la bañera. Abro la palma de la mano sumergida y siento cómo el agua fluye entre mis dedos. Creo un cuenco con mis manos y la dejo caer suavemente sobre mis rodillas, siendo consciente de cada mínima gota que rueda por mi piel. Lanzo una cantidad al aire y observo las caprichosas formas que toma justo antes de volver a caer, que no son nunca las mismas.

Mi sentido del tacto, con el agua, me hace olvidar. La bañera se sigue llenando, el agua cayendo sobre mi cabeza, el pelo ya mojado se pega sobre mi cara, y yo juego, como cuando era niña. Me olvido de quién soy, de cuales son mis problemas y de que no puedo vivir sin solucionarlos.

Sólo existe el agua, y yo. El sonido que me envuelve cuando cae, y la sensación que experimento cuando me toca.

Quizás sea porque inconscientemente, mi cuerpo se acuerde de momentos felices en el agua, que mi mente no es capaz de dibujar. Cuando era pequeña, y muy, muy feliz, jugando en la bañera, la piscina, o en la playa.

Pero todo tiene que acabar. Y mis pensamientos, proporcionales al agua que llena la bañera, van ocupando su sitio habitual, y paulatinamente vuelven mis dudas, recuerdos y temores, todo mientras se va bajando el nivel del agua.

Y sigo exactamente igual que al principio.



Para mí, esas duchas no deberían terminar. Porque ni las amistades, ni la felicidad, deberían tener un fin.





Todo parecido con la realidad es pura coincidencia.