Curioso

Publicado en Cosas que pasan el 15 de Octubre, 2008, 18:38 por Saphira Aurion
Salí de los vestuarios yo sola, despidiéndome en voz alta de las demás y todavía riendo por algún comentario que habían hecho. Iba con la cabeza en otra cosa, pensando en las dos horas de clase que tenía que impartir esa tarde y planificando las actividades que podría proponer. También iba de buen humor, cansada pero satisfecha tras la clase de deporte y el día en general. Y justo antes de salir, pasé junto al lavabo que hay cerca de la puerta, donde una niña pequeña forcejeaba con una botella pequeña de agua que se le había quedado atascada entre la cerámica y el grifo, con algo de ansiedad porque no lograba sacarla y el agua ya rebasaba el borde de la botella desde hacía unos minutos.
- ¡No se hacerlo! -lloriqueó la niña, probablemente notando que alguien más alto que ella se había detenido cerca.
Fue acto reflejo, completamente mecánico. Me acerqué a ella en dos pasos y alargué las manos, cogí la botella y la hice girar suavemente, con la seguridad y repidez de alguien que ha visto desde lejos el problema y desde el primer vistazo ha sabido cómo había que solucionarlo. Era sencillo. El lavabo estaba mojado y el plástico de la botella se resbaló sin dificultad. La niña me había dejado hacer con una pasividad satisfecha, complacida por que por fin llegara alguien que supiera manejar aquello, y con cierta admiración infantil, como cuando se observa cómo alguien mayor realiza una sencilla acción en la que uno jamás hubiera caído, y que ni siquiera es necesario entender, porque se cuenta con que dentro de unos años eso también le saldrá a uno mecánicamente. Cuando le tendí la botella, la agarró rápidamente con sus manitas húmedas, soltando una carcajada ufana, y levantó la cabeza, con aquella agradecida sonrisa pintada en el rostro, exclamando un "¡Gracias..!" que quedó a medias ahogado en sus labios.
Fue al alzar la mirada cuando me miró directamente por primera vez, y yo a ella. Antes de eso, la atención de ambas se había centrado en la misión común: la botella. Ahora, las dos nos reconocimos.
- De nada -respondí a su exclamación apenas formulada, sin dejar de sonreír, pues me negaba a darle tanta importancia a saber quién era ella. Después, me di la vuelta con aire despreocupado, y mientras salía por la puerta, solté aún un cordial-: ¡Hasta luego!
No me contestó.