Cinco llamadas perdidas (Sia hamba u-uh)

Publicado en Cosas que pasan el 16 de Septiembre, 2008, 19:11 por Saphira Aurion
Hoy ha sido uno de esos días en los que realmente disfruto de mi vida.
Quizá suene extraño o estúpido, demasiado optimista tal vez, ebrio de felicidad quizá, pero no me siento así para nada. Me siento sencillamente contenta, tranquila, con ese sentimiento de entusiasmo -llamémoslo euforia interna, si queréis- dentro, en alguna parte entre el corazón y los pulmones.
No ha habido tampoco nada especial, y por eso uede que sea todo aún más mágico, más alegre. He tenido una animada charla yendo al colegio, y también tengo que decir que iba con la versión definitiva, corregida y pulida, de Pink Dragon (o la Estela del Dragón, a voluntad) en los brazos, orgullosísima de ella ^^
Y después de eso, se sucedió un día normal pero perfecto, bonito pero tranquilo. Da igual, el caso es que en noches como éstas da gusto acostarse y pensar en el resto de la semana, del mes, del año. Aunque no sea viernes ni sábado.
¿Qué puedo contar? Tiros directamente al blanco, una estela brillante de buena suerte, y sonrisas -oh, sí, sonrisas, eso sobre todo, sonrisas por todas partes, divertidas, dulces, simpáticas y rayando la risa o estallando en carcajadas muchas de ellas-, palabras vacilantes y palabras rápidas, invitaciones aparentemente banales, charlas -muchas charlas-, llenas de palabras, palabras, palabras por todas partes y a todas horas -¡palabras!-, comentarios, aplausos e ironías, dibujos y susurros, debates y horas enteras de no hacer nada salvo sentirse plenamente feliz de estar en ese lugar y en ese momento, y en esa situación, y en esa compañía. Ejecicios de matemáticas que empiezo a entender y ayudas inestimables -¡gracias!- y más sonrisas, guitarras y el agradecimiento al destino por haberme acabado comprando una clásica y no una acústica -¡qué daño hace en los dedos la acústica!- y cantar en coro, esas canciones que no tenemos ni la más remota idea de lo que significan pero aun asi suenan bellísimas cuando las cantamos a coro -independientemente de que cantemos bien o mal-, y que me hacen recordar, como siempre que cantamos a coro, al tipo de Frankfurt del halellujah, y pensar que dios mío, es el último año, y voy a añorar algunas cosas del colegio hasta unos extreños insospechados, porque pocas veces he amado más estar en nuestra clase y con esas personas, y en esa situación, como hoy, cuando cantamos, como casi todas las veces que cantamos -¿dónde quedó California Dreaming?-. Y sé que cuando se acabe este año echaré todo esto de menos y me emocionaré al recordarlo. Por muy ridículo que suene ahora.
Y cuando volví a casa, cuando parecía que ya nada podía ir mejor, más palabras, más, cotilleos, risas, tonterías, y la sensación de pertenecer a algo una vez más, y después mi casa y una corta hora de tocar la guitarra cuando vuelve la siguiente cosa maravillosa: llamada de teléfono e intercambio de novedades, y esa sensación de estar juntas aunque estemos lejos, y las risas, y el coger el teléfono y sin preliminares -¿qué tal? Bien, ¿y tú?- lanzarnos a hablar como si lleváramos todo este tiempo juntas -que de alguna forma, es como si lo hubiéramos estado, al menos en lo que repercute en la confianza que hay entre nosotras-... y cuando esa conversación se interrumpe, TACHÁN, no seis, no, sino cinco llamadas perdidas, una de ellas inesperada y cuatro de ellas además de eso maravillosas sólo por estar ahí. Devuelta de llamadas, hablar, una oferta fantástica que suena muy bien -aunque sea sólo por la alegría que provoca el que alguien piense en mí para eso- y una conversación normal en todo salvo en su propia existencia, que ya me hace sonreír por dentro y por fuera -más sonrisas-, y finalmente, dos palabras que se pueden tomar como promesa.
Banal, ¿verdad? ¡Desde luego! ¡Todo ello! ¡Corriente, fútil, quizá, nada trepidante, nada terriblemente fuera de lo normal!
Lo admito. Pero me siento absurdamente feliz por todo ello. Por que mi vida cotidiana-de-hoy haya sido así.

¡Disfrutemos de esas cosas triviales, amigos!