Demasiadas palabras

Publicado en Cosas que pasan el 7 de Agosto, 2008, 23:27 por Saphira Aurion
Nunca había pensado que pasaría algo así. Y en realidad debería haberlo supuesto. Quiero decir, que todo el mundo se confunde constantemente, que todo el mundo es malinterpretar, que todo el mundo es dar vueltas y vueltas sobre la misma cosa, hasta que las palabras se vuelven agobiantes y empiezan a acorralarme, a volverse simplemente demasiadas, abusivas, asfixiantes, y me envuelven, retorciéndose, en cadenas, como si una melodía muy bonita se hubiera vuelto de pronto una serie de gritos que se repiten y no me dejan escapar, hasta que ya sólo queda ese pensamiento, y sólo quiero huir de ellas, de esas palabras, de las personas que las pronuncian y de aquel significado al que hace mucho tiempo que me rendí y que daría todo lo posible por simplemente dejarlo atrás y pasar a otra cosa, a otras palabras, lo suficientemente rápido como para que no me atrapen.
¿Y qué se puede hacer entonces, además de callar y resignarse a ver desde una precaria fortaleza de silencio cómo se van arremolinando alrededor, con la sensación de que están agazapadas, esperando a que salga? ¿Con la impresión -o la certeza- de que todo lo que diga va a agravar la situación, y de que de pronto esas palabras se transformarán en gritos, y que van a ser demasiadas, y demasiada tensión, y en realidad ni siquiera le doy tanta importancia a ese estúpido tema y quiero dejar de discutirlo porque ya he dado la razón al otro, pero continúa, y continúa, siempre con lo mismo...?
Ahora entiendo, más que nunca, ese sentimiento de pánico cuando las emociones son demasiado grandes, ese nerviosismo, ese terror al sentir una mano tapando los labios... A veces, porque hay demasiadas palabras. A veces, porque hay demasiado pocas. No lo sé. Y una y otra vez vuelvo a pensar en lo mismo, como dando pie, irónicamente, a esas ideas que se repiten una y otra vez, si no en palabras, sólo en pensamiento. ¿Y ahora qué?
En realidad, ni siquiera es algo tan importante como para darle vueltas, y cuanto más se hable de ello más se ayudará a esas palabras a volver a apresarme rápidamente en una discusión sin final en el que la misma tesis se repite tranquilizadoramente con el fin de calmar a alguien que ya la ha aceptado, y no precisamente de forma sosegada. No sé. Lo único que pasa es que nunca me lo hubiera esperado.