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Publicado en Historias, cuentos y relatos el 8 de Mayo, 2008, 19:42 por Laurarob

-Di, Becky, ¿has estado alguna vez comprometida?

-¿Qué es eso?

-Pues comprometida para casarte.

-No.

-¿Te gustaría?

-Me parece que sí. No sé. ¿Qué viene a ser eso?

-¿Qué qué viene a ser? Pues una cosa que no es como las demás. No tienes más que decirle a un chico que no vas a querer a nadie más que a él, nunca, nunca, y entonces os besáis y ya está.

-¿Besarse? ¿Para qué besarse?

-Pues, ¿sabes?, para… ¡Bueno!, siempre hacen eso.

-¿Todos?

-Todos, en cuanto se declaran novios. ¿Te acuerdas de lo que escribí en la pizarra?

-Sí.

-¿Qué ponía?

-No lo quiero decir.

-¿No quieres decirlo?

-Sí…, sí, pero otro día.

-No, ahora.

-No, no… mañana.

-Ahora, ¡anda, Becky! Yo te lo diré al oído en voz baja.

Becky vaciló, y Tom, tomando el silencio por asentimiento, la tomó por el talle y murmuró levemente la frase, con la boca pegada al oído de la niña. Y después añadió:

-Ahora me lo dices tú al oído…, lo mismo que yo.

Ella se resistió un momento y, finalmente, dijo:

-Vuelve la cara para que no me veas y entonces lo haré. Pero no tienes que decírselo a nadie. ¿No lo dirás, Tom? ¿De veras que no?

-No, de verdad que no. Anda Becky…

Él volvió la cara.

Ella se inclinó tímidamente, hasta que su aliento agitó los rizos del muchacho, y murmuró:

-Te amo.

Después huyó corriendo por entre los bancos y pupitres, perseguida por Tom, y se refugió al fin en un rincón, tapándose la cara con el delantar blanco. Tom la tomó por el cuello.

-Ahora, Becky –le dijo, suplicante-, ya está todo… Ya está todo menos lo del beso. No tengas miedo de eso… No tiene nada de particular. Hazme el favor, Becky.

Y le decía eso cogiéndola de las manos y del delantal.

Poco a poco ella fue cediendo, y dejó caer las manos; la cara, toda encendida por la lucha, quedó al descubierto, y se sometió a la demanda. Tom besó sus rojos labios y dijo:

-¡Ya está todo acabado! Y ahora, después de esto, ya sabes: no tienes que ser nunca novia de nadie sino mía, y no tienes que casarte nunca con nadie, sino conmigo. ¿Vale?

-Sí; nunca seré novia de nadie ni me casaré más que contigo, y tú no te casarás con nadie más que conmigo.

-¡Claro! Eso es <<parte>> de la cosa. Y siempre, cuando vengas a la escuela o te vayas a casa, yo tengo que acompañarte sin que nadie nos vea; y yo te buscaré a ti y tú me buscarás a mí en todas las fiestas, porque así hacen los novios.

-¡Qué bien! No lo había oído nunca.

-Es la mar de divertido.

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Cómo me recuerda el joven Sawyer a alguien... Texto por Mark Twain.