El señor Darling y la perrera

Publicado en Historias, cuentos y relatos el 1 de Abril, 2008, 17:01 por Laurarob

El único cambio que se observa en el cuarto de los niños es que la perrera desaparece de nueve a seis. Cuando los niños se fueron volando, el señor Darling se quedó absolutamente convencido de que toda la culpa era suya por haber encadenado a Nana, que desde el principio hasta el final había demostrado tener mucho mejor sentido que él. Como ya hemos visto, era un hombre muy simple. De no ser por la calva, podía haber pasado por un niño. Pero también tenía un noble sentido de la justicia y el valor de un león cuando se trataba de hacer lo que él consideraba correcto. Tras la huida de los niños, después de habérselo pensado cuidadosamente, se puso a cuatro patas y se metió en la perrera. Cuando la señora Darling le rogaba encarecidamente que saliera, él respondía triste, pero firmemente:

-No, querida. Es aquí donde debo estar.

Amargado por los remordimientos, juró no volver a salir de la perrera hasta que regresaran sus hijos. Daba mucha lástima, por supuesto, pero cuando el señor Darling hacía algo siempre se excedía, porque, de lo contrario, desistía de hacerlo. No había hombre más humilde que el otrora orgulloso George Darling, tumbado en la perrera al caer la tarde, comentando con su esposa las gracias de sus hijos.

Su deferencia hacia nana resultaba verdaderamente conmovedora.

No le permitía entrar en la perrera, pero en lo demás la obedecía ciegamente.

Todas las mañanas metían la perrera, con el señor Darling dentro, en un taxi que lo llevaba a su oficina, y a la seis regresaba a casa de la misma manera. Os haréis una idea del carácter tan fuerte que tenía si recordáis lo sensible que era a la opinión de sus vecinos. Se había convertido en un hombre cuyo más insignificante movimiento llamaba poderosamente la atención, provocando un asombro considerable. Por dentro debía de estar sufriendo horriblemente, pero mantenía las apariencias incluso cuando los jóvenes criticaban su habitáculo, y siempre se quitaba el sombrero educadamente ante cualquier dama que metiera la cabeza para mirar.

Podrá parecer quijotesco, pero era magnífico. El verdadero significado de aquello tardó poco en trascender,  conmoviendo el generoso corazón de las masas. La muchedumbre empezó a seguir a su taxi, aplaudiendo fervorosamente; jóvenes de lo más atractivas trepaban por el coche para pedirle un autógrafo; empezaron a publicarse artículos en los mejores periódicos y la alta sociedad lo invitaba a cenar, añadiendo: <<Por favor, venga en la perrera>>.

Peter Pan, Capítulo XVI, La vuelta a casa. Por J.M. Barrie




El señor Darling será un hombre muy sencillo, pero ya le gustaría a la mayoría (me incluyo) tener ese temple y... sí, ¡esos huevos de oro! Mi consejo, chiquillos que me están leyendo: Hay que ser fieles a sus pensamientos. <3