__¿y ahora?

Publicado en Cosas que pasan el 19 de Marzo, 2008, 0:49 por Laurarob

Sin previo aviso, sonó mi móvil.

Dejé de mirar a la pantalla del ordenador por un segundo y abrí el teléfono que, hacía un segundo, reposaba apaciblemente encima de la mesa. Intenté descubrir de quién era el número desconocido que me llamaba, pero no acerté a adivinar ni de qué zona de la isla provenía la llamada.

-¿Sí? –contesté, mientras sonreía y saludaba a la webcam, como mostrando que pese a hablar por teléfono, aún seguía pendiente de él.

-Hola –dijo una voz masculina que no supe reconocer.

-¿Quién es? –pregunté de nuevo, con un deje de curiosidad. Vi cómo mi ceño se fruncía un poco en la pequeña ventanita debajo de la conversación del Messenger, y cómo mi interlocutor escribía unas palabras con el teclado. Traté de ignorarlas para prestar atención a la conversación telefónica.

Él me dijo su nombre, con esa forma tan peculiar que tiene al hablar. Tarda unos segundos en contestar, y cuando lo hace, habla tranquilamente y con un deje de lentitud. Su tono de voz detonaba sorpresa al ver que no lo reconocí al instante.

A mí también me sorprendió que me llamara. Pese a todo, me hizo ilusión hablar con él, y le pregunté lo típico, qué tal le iba y cosas así. Mientras tanto, tecleaba con el chico del Messenger, pero contestaba más bien con monosílabos y palabras no muy complejas. Consideré que, en ese momento, el chico del teléfono tenía un poco más de prioridad respecto al otro. Me sumergí en su voz que tan curiosa me resulta, y entonces me lo dijo.

-Mira… que lo dejamos.

Llevaba un tiempo esperando oír esas palabras, y cuando al final llegaron, no supe cómo reaccionar. Solté un típico “Ay Dios…” de los míos, y le pregunte cómo había sido. Él sólo me contestó que había sido por la mañana, y que no me llamaba para hablar de eso, sino para que le hiciera reír.

Juro que lo que más quería en ese momento era hacerle feliz. Pero justo entonces estaba hablando con otra persona importante por Messenger y me encontraba aún en estado de shock por la noticia.

Le conté chistes malos, recordando un poco los viejos tiempos, aquéllas tardes antes de verano en las que me conectaba sólo para hablar con él y reír a carcajadas en frente de una pantalla. Él hizo un amago de reírse, y también me contó otro chiste, puede que más pésimo aún. Empecé a hablarle, ya no recuerdo de qué, tratando distraerle, pero perdí el hilo al teclear palabras en otro idioma en el ordenador. Le dije que lo sentía, que aunque fuera mujer, era difícil hacer dos cosas a la vez. Él me contestó que no pasaba nada, que ya hablaríamos a la noche.

Me decepcioné un poco a mí misma al no poder hacerle reír sinceramente, y creo que él también se decepcionó. Pero en otras circunstancias, en otro momento… Hubiera sido mejor. Hubiera hecho lo que se merecía, incluso hubiera quedado con él en ese mismo momento para hacerle olvidar su desolación. Me hubiera gustado tanto, tanto, haber hecho algo por él… Y que me hubiera dicho “gracias, ahora me siento mejor”. Entonces sí que me sentiría completa.

Pero no lo hice. Me llamó para que lo ayudara y no fui capaz.

Cuando colgamos, miré hacia la pantalla. El chico que se encontraba en la ventanita de arriba de la video-llamada seguía tecleando.

           

Y ahora, ¿qué?