De Sinclair, para Totemon

Publicado en Historias, cuentos y relatos el 11 de Octubre, 2007, 19:04 por Saphira Aurion

Hace mucho, mucho tiempo, en un lugar no muy lejano, había una niña que vivía con un pie en otro mundo. Ese mundo lo contenía un cuaderno rojo. Esa niña recibía con frecuencia balonazos en la cabeza, y eso la hizo llorar varias veces en clase de deporte. Pero una vez encontró a alguien que se acercó a consolarla.
"Niña, ¿por qué lloras?", fue lo que le preguntaron.
Aquí, la historia cambia, y cuento la de dos niñas que eran muy amigas. Entran también en la historia unos seres bastante peculiares, pues eran perros invisibles a los que tuvieron que ayudar bastante. Como si no fuera suficiente con eso, años más tarde se encargaron de la grabación de una colección entera de canciones grabadas en otro planeta, un lugar en el que vivían criaturas aún más fantásticas y los ponis se convertían en cebras. Allí, por cierto, también vivían al mismo ritmo que ellas dos niños que eran muy amigos.
Se sucedieron muchísimas situaciones especiales, en las cuales jugaban a la TIA y contaban hasta tres antes de cruzar, y comprobaban los poderes paranormales de una intentando leer la mente a la profesora de Biología. Compartieron secretos inquietantes, que tenían que ver con dinosaurios y con pegasos. Y sus juegos absurdos incluían a Barbies que bailaban diciendo "Unga cachunga" y perros de peluche escondidos en el horno, y caramelos con sal.
También se enfrentaron a situaciones temibles, como el código secreto que desvelaba la intención de unos duendes malignos de destruir el mundo. Y también al cambio que dieron algunos de sus amigos, y a la época de las monjas, y a la Comunidad de la Pulsera.

Entonces empezaron a pasar cosas muy raras, porque desapareció el Chico de Goma y más adelante, la Bruja, y entonces aparecieron muchos más y las niñas se separaron y se encontraron de nuevo. Y encontraron una habitación vacía que era divertido llenar de gente, y esa habitación se convirtió en parque, y en ciudad, y hasta se mezclaban épocas. En ella, la gente hablaba de los diferentes usos que se los podían dar a las cuerdas de nylon y se regalaban conejitos.

Y entonces... entonces, ¿qué pasó?

Que una de las niñas se fue. Se fue tanto física como mentalmente, y se separó de sus amigos y no quiso saber nada más de ellos. Es cierto que ya no era lo mismo que en la época de los conejos con antifaz que escuchaban a Miliki, pero de todas formas, al recordar todo lo que había pasado, la niña que quedaba no podía evitar entristecerse un poquito.  Y escribir un artículo demasiado breve, que no pretende prensar todos los momentos que compartieron, sino más bien mencionar de pasada algunos para hacer que ella, y probablemente sólo ella si leyera esto, los recuerde, y esos le hagan acordarse de muchos más, y tal vez incluso llorar un poquito por el punto y final de una amistad que puede ser, quizá, el mismo que el último de este artículo.

"Niña, ¿por qué lloras?"

Mejor que ahora no te conteste a eso...