30 de Septiembre, 2007


Domingo por la mañana

Publicado en Cosas que pasan el 30 de Septiembre, 2007, 11:55 por Saphira Aurion
Estoy en mi cuarto, leyendo, y como nunca me pongo música para leer, puedo oír perfectamente lo que pasa en el resto de la casa, y por ello, un sonido mucho más agradable resuena en mis oídos: el traqueteo de unos dedos ágiles sobre el teclado. Van a toda velocidad durante minutos, parando luego un par de ellos mientras la persona que los controla medita sobre cómo expresar algo, luego siguen, danzantes, sutiles, como el correr del agua imparable y melódica en un río de palabras. El sonido me es muy conocido, de algunas noches del curso pasado sobre todo, y también se que la persona que lo está creando no es consciente en absoluto de lo que regala a mis oídos, porque su mente está en otro mundo.
Sonrío. En mis ojos, palabras escritas. En mis oídos, palabras siendo escritas. Un ambiente familiar, una persona a la que entiendo perfectamente en el piso de abajo. Me arropa una cálida sensación de estar en el lugar del mundo que me corresponde.
Pienso en todo lo que me da esta circunstancia. Horas de conversación sobre personajes, sobre argumentos, voces que me cuentan historias mientras duermo. Intercambio de borradores, correcciones al margen de éstos, modificaciones, halagos, críticas. El tener el derecho de leer treina páginas y emitir un veredicto sobre mi primera impresión de ellas, y saber que será tenido en cuenta. El tener las primeras hojas de una novela entre las manos, saber que soy la primera en entrar en ese mundo, sentir que algún día veré esas palabras en un libro al hojear en una librería, y que sonreiré pensando que yo las leí en sus comienzos. Esa complicidad extraña, mágica, ese mutuo entendimiento, de compartir una pasión por algo. Y que el tecleo frenético de la escritura resuene en mis oídos mientras estoy en mi cuarto.
Me encanta que mi madre escriba.