8 de Agosto, 2007


Meses, horas, minutos... Cada segundo es valioso

Publicado en Filosofía, pensamientos y reflexiones el 8 de Agosto, 2007, 17:52 por Saphira Aurion

He vuelto a Tenerife. Ya sé que empecé a escribir la crónica de mi viaje, y de hecho la voy a seguir, aunque probablemente aquí desvele el final. Pero me da igual. Hoy es el día que he vuelto a casa, el día en el que he leído el certificado médico que te dan cuando te dan el alta en el hospital, que cuenta todo lo que me ha pasado en palabras de doctor. Y hoy es el día en el que tengo la impresión de que, o he abierto los ojos a algo muy sabio y nuevo que me hace verlo todo de forma distinta, o soy muy tonta.

Antes de nada, mis agradecimientos profundos. Estoy completamente emocionada por lo que ahora voy a nombrar, y cuando leáis esto entero puede que entendáis la intensidad de mi agradecimiento y mi emoción. Ahí va: Gracias, para empezar, a Stefan. Monitor del campamento, que pasó conmigo los dos priemros días (y creo que la noche), en el hospital, yo o inconsciente o delirando a ratos. Después me vino a ver todos los días, me trajo regalos, me dio conversación, ánimos, me ayudó. Vino a verme incluso cuado salí del hospital. Me cogía de la mano cuando no podía ni abrir los ojos. Lo primero que vi al recuperar el conocimiento fue su sonrisa. Lo último importante de Alemania, su abrazo al despedirse. No puedo decir nada más. Muchísimas gracias. Hizo mucho más de lo que por deber de monitor debía hacer, y se ha ganado un profundi cariño y eterno agradecimiento por mi parte.
Gracias también a mis padres, que vinieron al día siguiente de mi accidente a Berlín y luego a Potsdam. Aquí no he de decir mucho, todos imaináis que me cuidaron y aun lo hacen, y lo que se preocuparon por mí. Infinitas gracias. Gracias a vosotros, a mis amigos, que me llamasteis, me mensajeásteis, me hicisteis tener un ontón de ilusión, sentirme apoyada y no aburrirme tanto en el hospital. Mención a Bolinkendo, a QVS, a donaldani, y a Antibarbies. (Los demás no sé si lo sabían, algunos supongo que no.) Gracias a Burning, con el que más hablé por teléfono y tuvo la mala suerte de hablar conmigo el segundo día, cuando aún deliraba a medias. Tampoco aquí tengo que dar muchos detalles, es obvio. Me animaba muchísimo hablar contigo. Gracias a Darkaran, que también me mensajeó y se encargó de que me aburriera lo mínimo en el hospital, y que además luego estuve en su casa y han sido tres de los mejores días de todo mi verano. Especialmente el último. No hace falta que dé detalles tampoco aquí, paso de decir obviedades. Gracias a Mármol, que coincidió conmigo en Potsdam mismo y luego en casa de Darkaran, y ayudó a que esos días fueran tan geniales. Gracias al resto de mi familia de Madrid (incluido Ne1N que estaba en Alicante), que se preocuparon y los que pudieron fueron a comprobar que estaba bien a casa de Darkaran porque no estaban convencidos si no lo veían con sus propios ojos. Mil gracias.
Sobra decir que os quiero muchísimo a todos los que he mencionado, pero lo digo.
Y por último, gracias a los que me atendieron en el hospital. No esoy vacilando. Les debo todo a ellos. Gracias.

Y ahora, empecemos.

Desde que tuve el accidente he sido optimista. No sé por qué, estuve así. Estaba mejorando. Incluso cuando no staba mejorando, pensaba que iba a mejorar. Cuando hablé por teléfono con algunos de vosotros, os tranquilicé, me reí. Bromeaba con el golpe en la cabeza. "Ahora encimade ser rubia me he dado un golpe en la cabeza, así que aguantad mis fallos... =P ". Era un juego, era una broma. Me decían que todo era una burda excusa para huir del campamento al que no quería ir y me reía. Hacía sonreír a las enfermeras y me empeñaba en levantarme, aprender otra vez a andar pese a los mareos, intentaba leer, bromeaba con los demás pacientes y les hacía reír. No entendía por qué todos flipaban con mi buen humor, pero lo he entendido hoy.
Desde luego, en el informe médico no ponía nada que yo no supiera, pero ha sido ahora cuando lo he asumido. He asumido las cosas que supongo que en total no os conté a vosotros. Tampoco yo pensaba en ellas, hasta hoy.
Ahora es distinto. Me he dado cuenta de lo serio que ha sido. Me he roto la cabeza. No la piel, sino el hueso, el cráneo. Mi cerebro se ha dado unos golpes en el proceso que normalmente causan unos efectos de los que milagrosamente me he escaqueado. Lo diré claramente, y no estoy exagerando. Podría estar muerta. Pero eso no es lo más normal, aunque sea una posibilidad. Lo que me podría haber pasado y asombró a los médicos que no me pasara (es lo que le ha sucedido a mucha gente que ha tenido golpes como el mío, que no recuerdo cómo se llama...) es tener problemas mentales. Podría ahora mismo haber perdido la memoria. O no volver a pensar como antes. No saber quién soy. No saber dónde estoy, qué hago allí ni qué día es. O, sin más, perder mi consciencia. Convertirme en un vegetal o en un bebé que no sabe qué sucede.
María podría no estar más, porque, al menos para mí, ésa no sería yo.
Perdí el conocimiento y la memoria con algunas cosas. No sé cómo me caí ni lo que pasó momentos antes, hay un flash blanco en mi memoria en ese punto. Ahora sé lo que se siente al despertarse en cuidados intensivos en el hospital y no saber por qué. En ese momento tampoco me pregunté por qué. Me lo explicaron, pero no me había imaginado que hubiera una razón. Recuerdo que abrí los ojos y Stefan estaba conmigo. Estaba delante mío, mirándome, esperando a que me despertara. Sonrió, seguramente tenía miedo de que no lo hiciera. Yo no tenía curiosidad por saber qué había pasado, en absoluto. No me sorprendía estar allí.
"Hola, Stefan".
¿Es normal que según mi memoria esté dando un paseo en bici, oyendo música y bastante feliz, y en la siguiente escena, después de un fogonazo blanco, esté en cuidados intensivos en un hospital, sin poder moverme, y yo no me llegue a preguntar POR QUÉ?
Sí, es normal, porque aunque estuviera despierta no estaba consciente. De hecho, en mi memoria ese jueves y ese viernes están brumosos. No los distingo. A quien más claridad recuerdo de esos dos días es a Stefan. Y me acuerdo que pensé en vosotros. Recordaba vuestros nombres, vuestro físico. Pero no recordaba qué sentía. Recuerdo que me pregunté por qué érais amigos míos, no recordaba nada que hubiéramos pasado juntos. Todo eso volvió luego, claro. Los médicos sabían que volvería, que mi memoria estaba ahí (supongo que porque al saludar a Stefan, no sólo recordaba su nombre, sino que automáticamente lo hice en alemán, es decir, que mi cabeza recordaba el idioma con la perfección aún suficiente para hablarlo sin pensar, y también era consciente de que Stefan NO hablaba español...).
Pero, ¿y si no hubiera vuelto?
Planteároslo un momento.


Ahora pensad que os pasa a vosotros.



Hoy, sorprendentemente cuando ya estuve en la isla, todo esto se volvió real para mí. Ahora soy consciente de que la persona que yo me considero ha estado a punto de desaparecer. No me refiero a morirme, aunque también. Espiritualmente, psíquicamente, mentalmente. Lo que soy, podría no ser.
Podría no volver a tocar el piano. No volver a equitación. No volver a clase. No llegar a decidir jamás qué carrera universitaria voy a hacer.
Si La Luz del Mundo no estuviera acabada, nadie la acabaría. Wiping Away jamás sería reescrita. Sin Destino quedaría a la mitad para siempre.
Yo nunca más podría volver a leer. Nunca más podría escribir.

¿Podría veros a vosotros, a mi familia? Probablemente. Sin recuerdos, o sin capacidad de razonar, o con paraplejía (otra de las posibilidades, pero extrañamente quizá, la que menos me asusta... estaría inmóvil, pero mi mente estaría intacta). ¿Estaría viva? Técnicamente sí. Para mí, no.

¿Y qué me ha hecho pensar esto que haya cambiado mi forma de ver el mundo? He descubierto que realmente puedo morirme. Sonará estúpido, pero creo que nunca lo había tenido tan presente. Hacía planes para el año que viene, para las vacaciones que viene, para cuando volviera del campamento en Alemania, con toda la naturalidad del mundo, sin tener siquiera la idea subconsciente de que podrían no suceder porque yo ya no estuviera. Cuando pensaba en la muerte, pensaba en ella como "algo que no sé muy bien qué es pero que me va a pasar quiera o no dentro de mucho tiempo". Dentro de mucho tiempo. Cuando sea vieja.
Qué equivocada.
No era consciente de que me pudiera pasar algo así. Para mí, yo (no mi yo físico, sino ese yo mental del que hablé antes) estaba protegida por algo. No sé el qué, pero no tenía pensada la posibilidad de que realmente PUEDO morirme mañana. U hoy. Que los accidentes pasan, y no sólo en las películas. Que no todo se cura en los hospitales. Que lo peor que me puede pasar no es romperme un pie.
No hay algo que proteja mi vida porque soy yo quien la vive. Puedo morirme igual. Puedo dejar de ser yo. La magia no existe, no tengo nada de especial.
Así que he descubierto que, aunque no puedo dejar de crear planes que quizá no se cumplan (porque puede que sí se cumplan, mejor crearlos), sí hay un par de cosas de mi actitud que debo cambiar.
Para empezar, no vale la técnica de "lo haré otro día". Si algo sé ahora es que el otro día esará, pero yo puede que no. La muerte no es algo que salga en las noticias y en las películas, ni que le pase a otra gente. Es real. Te pasa a ti. Y puede pasar en cualquier momento. No lo igo para meter miedo, sino porque es así. Y no sólo la muerte, sino... llamémoslo la "incapacidad". Yo no quise montar a caballo cuando estuvo aquí Ne1N. "Ya volveré a montar en Septiembre". Sí, muy bien hubiera montado si me hubiéra quedado parapléjica, cosa que el médico creía que podía suceder. Y es sólo un ejemplo.
Todas las cosas para las cuales me ponía tiempo, y si no me apetecía mucho no las hacía aunque quisiera hacerlas... ya no es así. Ahora tengo prisa, siento la necesidad de usar cada momento de mi vida, porque vale mucho. Porque me puedo quedar sin ella fácilmente, con algo tan tonto como un paseo en bici. Ya no voy a no escribir porque me dé pereza, ahora sé que si escribo el relato Pink Dragon (uno nuevo en el que estoy ahora), he de acabarlo rápido, para que no pueda pasar que yo me vaya y Sin Destino no sea terminada. Y cuando esté con Sin Destino, me esforzaré porque seguramente tenga para entonces otra historia en la cabeza (el spin-off de LLDM, puede ser) que también merezca ser escrita.
Lo mismo con las cosas que me cuesta decirle a la gente. Que me notáis más cariñosa en los días que vienen, o que doy menos rodeos con lo que digo, es eso. Porque si no lo digo ahora puede que nunca lo haga. Si no os abrazo ahora puede que nunca lo haga. Y si no dejo claro lo que os quiero, puede que algún día me olvide de lo que siento por vosotros y mi memoria se pierda. No quiero que pase eso.
De alguna forma, el haber sentido seriamente eso de "estoy viva por un golpe de suerte" me ha golpeado con el miedo a la muerte. Ahora soy consciente de lo cerca que está de nosotros, de lo repentinamente que puede aparecer. Y eso me hace apreciar, a la vez, lo que es la vida, lo valioso que es mi tiempo para mí, lo poco que podría durar y la necesidad que tengo de aprovecharlo. Lo que me gusta como soy mentalmente, el miedo que me da desaparecer. Y lo que le debo al mundo y que debo dar urgenemente, antes de que me llegue otro accidente y pierda la oportunidad. Mi literatura, mis seres queridos, mis estudios. Antes lo sacaba adelante, a veces un poco a rastras, porque no conocía otra posibilidad. Ahora quiero sacarlo adelante. Ahora quiero sacarlo adelante bien, brillantemente y velozmente.

Será una tontería, pero pienso así. El hecho de "descubrir" que no hay ninguna magia especial que me aleje del accidente no me ha dejado mal, sino que me ha dado unas fieras ganas de luchar por mi vida. Por aprovecharla, porque merece la pena.

Así que sí. Estoy realmente feliz de estar aquí. Estoy realmente feliz de estar viva y de estar bien. De ser yo. Doy gracias al destino si existe, a Dios si existe y si no, en general, por el golpe de suerte increíble que he tenido. No puedo dejar de sonreír. Y también hoy ha sido el primer día desde el accidente que he llorado. ¿De alegría? No sé. Estoy muy contenta. Estoy muy impresionada. Estoy acojonada pensando "de lo que me he salvado por poco".

Y lo veo todo distinto. Diferente, pero no malo. Realista.