13 de Marzo, 2007


Por una sonrisa

Publicado en Historias, cuentos y relatos el 13 de Marzo, 2007, 23:17 por Saphira Aurion

La ventana era muy antigua. Su marco y los bordes de la parte que se podía abrir eran de madera pintada de marrón, con aspecto de ser tan vieja que podía caerse a pedazos en ningún momento. En el centro, el cristal estaba dividido en dos partes enmarcadas en blanco, la inferior de las cuales se podía subir para abrirla parcialmente. O en sus días, se había podido, pues ahora el mango metálico estaba tan oxidado que resultaba imposible accionarlo. El pomo y el seguro de la ventana también estaban pintados en el tono marrón plástico. Parecía desvaído, pero eso no era cosa de la edad.

Daba a una calle estrecha, por la que apenas pasaban personas. Al otro lado, tan cerca que era como si cada día se acercara un poco más, había un edificio rojo oscuro, con los bordes blancos. Era más alto que la casa de la ventana, y las persianas de sus balcones estaban siempre cerradas. En la azotea, además de una escalerilla de metal a la intemperie, sólo había dos chimeneas grandes y cilíndricas, de color crudo, que expulsaban invariablemente densas cantidades de humo gris. Junto a este, recortándose contra el edificio, las nubes plomizas re deslizaban por el cielo, perezosas, agobiantes.

Pablo desvió la mirada, apesadumbrado. En el caso de que la nubes miran al interior de la ventana, a través de los cristales, verían una habitación diminuta, de paredes inclinadas, de forma que el techo era considerablemente más pequeño que la superficie del suelo. Éste estaba formado por baldosas desportilladas, que alternaban los colores blanco y negro, pareciendo un desproporcionado tablero de ajedrez. Las paredes estaban cubiertas por un papel pintado que se caía a trozos. Antaño había sido azul, con ositos pintados, pero ahora parecía simplemente gris y sucio, y los plantígrados de peluche miraban la estancia con ojos desorbitados, como asombrados de que hubiera decaído tanto. Una única alcayata estaba clavada en la pared, con tan mala fortuna que el que la había colocado había acertado en el centro de la frente de uno de los osos.

En un rincón de la habitación, junto a la ventana, estaba la más preciada posesión de Pablo: un piano vertical. Estaba pintado de un brillante barniz oscuro que no lograba ocultar los desperfectos de la madera astillada del instrumento. Era tan viejo como la habitación, y mostraba ya achaques. Pablo lo conocía bien, sabiendo qué teclas no sonaban y demás características especiales.

El hombre sentado frente al piano tenía treinta y un años. Aparentaba menos. Tenía el pelo castaño, un poco demasiado largo. Cuando se alborotaba, le daba un aspecto demasiado informal, pero a él le gustaba. Le tapaba las orejas cuando hacía frío y se disparaba en todas direcciones en la parte trasera izquierda de su cabeza, donde tenía un remolino.  Solía apartárselo con frecuencia de la frente, para que no te tapara los ojos, que eran del mismo color que su cabello y tenían una expresión cansada. Vestía una camisa blanca con el cuello un poco desarreglado, y unos vaqueros sin cinturón. Eran nuevos, pero se los habían vendido desgastados. Sus manos eran delgadas, de largos dedos de pianista. En la muñeca derecha llevaba una pulsera de cuero trenzado, que le había regalado su sobrina de cuatro años. La niña, hija de su hermano mayor, vivía en el otro extremo del país.

Los ágiles dedos de Pablo recorrieron el teclado de su piano, al que llamaba Ángel. Las notas resonaban, claras y suaves, en la pequeña habitación.

<<Canta para mí...>>

Interpretaba una melodía triste, amarga, desconsolada, acorde a su estado d ánimo. Las notas se volvieron furiosas, aumentó el volumen, y la intensidad de la música hizo vibrar los cristales.

<<<¡...mi Ángel de la Música!>>

La puerta se abrió, y Pablo interrumpió su obra. Un hombre se asomó tímidamente.

-   Pablo, me manda el jefe...

-   ¿Me han despedido?

-   Hace dos semanas...

Silencio. El hombre se atrevió a preguntar.

-   ¿Ya has encontrado otro trabajo?

Pablo acarició la tapa de Ángel, con la cabeza baja. Las sombras oscurecían su rostro, y el pelo le tapaba los ojos. No se molestó en apartarlo.

-   No. Nadie quiere que trabaje para él en esta ciudad. Nadie me quiere aquí. Ni a mí, ni a mi música.

-   No es eso, Pablo...

-   Ya lo sé.

-   No es que tu música no sea buena...

-   Ya lo sé.

-   No es que no te queramos aquí, es que...

-   Lo sé.

-   Tienes que dejar esta habitación para el lunes.

-   Estamos a viernes.

Silencio. Pablo tocó el si agudo en el piano. Le gustó. La tocó una y otra vez, aumentando la velocidad.

-   Bueno, te dejo solo entonces.

El hombre se fue y cerró la puerta. Pablo pasó los dedos sobre el teclado de Ángel, acariciándole, sin arrancarle ningún sonido. Después, se puso recto, marcó el pulso con el pie, contó en voz baja hasta cuatro y empezó de nuevo a tocar en su piano, aquel piano que no le pertenecía, aquel piano que debía abandonar el lunes, junto con su trabajo y su sueldo. Ángel. Se preguntó qué iba a hacer a partir de entonces con su vida. ¿Qué vida? Siguió tocando. Ángel cantó junto a él en su canción de despedida. Una lágrima se negó a correr por la mejilla de Pablo.

Fuera, había empezado a llover. Las gotas de lluvia repiqueteaban contra la ventana y hacían carreras hasta la parte baja del cristal partido en dos. La madera del marco, pintada de un ajado color marrón, crujió por la humedad.

Detrás del cristal, el humo se mezclaba con las nubes.

 

-   ¡Natalia!

Ella levantó la mirada del papel en el que estaba dibujando. Cuando agachaba la cabeza, el pelo lacio y claro caía sobre el folio. En él, un par de trazos a lápiz mostraban a una chica y un chico caminando con un paraguas. Natalia levantó los ojos grises y brillantes y se encontró con la mirada severa de su maestra.

-   ¡Dígame!

-   ¡No estás atendiendo!

-   Sí estoy atendiendo, señorita...

-   Estás dibujando.

-   Escucho con las orejas, dibujo con las manos.

-   No puedes hacer dos cosas a la vez.

-   Sí puedo, soy una mujer.

-   Suspendiste el último examen.

Natalia ladeó la cabeza.

-   Pero estuve estudiando...

-   ¡Si atendieras en clase no suspenderías!

-   Es que me distraigo, señorita...

-   No te distraigas.

La niña suspiró.

-   Es que me aburro...

-   ¡No seas maleducada!

-   Lo siento.

La maestra la miró, arqueando una ceja. El resto de la clase se dividía entre escuchar con sumo interés el diálogo y halar de otras cosas.

-   A ver, sigamos leyendo el texto, en la página...

Natalia miró su dibujo, con lástima. Era muy bonito. Mucho más que aquel texto, en cualquier caso. Era como un arcoiris o una melodía, no podía atraparse entre las paredes de un aula. Suspirando, guardó el dibujo y se concentró en leer el texto. Era aburrido y feo. Hablaba sobre una persona muy célebre y exitosa que explicaba en una entrevista lo buen estudiante que había sido. Seguramente exageraba o mentía. Natalia se puso a pensar en Einstein, que había sido mal estudiante. ¿Su nombre significaba "una piedra"? Aquella traducción parecía del mismo tipo que la de que la palabra "parkinson" significa "aparca dentro, hijo". 

De pronto, volvía a tener a la maestra delante.

-   Natalia, ¿qué opinas del texto?

Ella mordisqueó la punta del lápiz, vacilante.

-   ¿Quiere usted que sea sincera o bien educada?

En aquel mismo instante, sonó el timbre, por lo que todos los alumnos se levantaron y empezaron a recoger sus cosas y a reanudar las conversaciones dl recreo, antes de salir del aula en tropel. Natalia le dirigió una sonrisa a la maestra y les imitó.

En la puerta esperaba su veloz y fiel bicicleta roja. Tenía una cesta de metal negro en el manillar, donde colocaba su mochila en forma de gato. La adolescente de quince años montó en la bici y, tras tocar el timbre un par de veces por el simple placer de hacerlo, salió disparada por la carretera en dirección a su casa.

No había nadie, de forma que bajó en bicicleta la rampa del garaje y abrió la ventana desde fuera para entrar por allí. Subió corriendo y silbando la escalera de caracol, dejó la mochila tirada en el recibidor. En la mesa de la cocina la esperaban un cartel hecho con media caja de cartón del microondas nuevo y un rotulador negro, así como una manzana que había dejado allí a medio día. Cogió ambas cosas y volvió a salir disparada hacia la puerta. Se detuvo, derrapando al frenar bruscamente, delante del espejo y se examinó en él. Vestía una chaqueta de rayas de todos los colores y unos vaqueros anchos con muchos bolsillos y lleno de parches. Un poco despeinada, pero pasable.

Sonrió, contenta con su aspecto, y salió de la casa cerrando la puerta de un portazo y dando un mordisco a la manzana.

 

Pablo abandonó el edificio en el que había estado trabajando en los últimos dos años. Se despidió del portero con un gesto. No echaría de menos al personal del lugar, tenía que admitirlo. Lo que más añoraría sería el piano y el sueldo.

No tenía un piano en casa, ni dinero para comprar uno, ni siquiera uno malo, desafinado, viejo y cojo. Y ahora todavía menos. Echó a andar por la calle. La lluvia mojaba su pelo y hacía que se le pegara a la cabeza. Los adoquines de la acera se oscurecían al mojarse. Pablo intentó pisar sólo los adoquines secos, pero pronto resultó imposible. Miles de gotitas los inundaban.

Pasó por una plaza vacía a causa de la lluvia. De pronto, una niña en bicicleta la atravesó en diagonal. Su chaqueta multicolor destacaba contra el fondo gris. Pablo deseó ser pintor para plasmar aquella escena. Deseó componer una canción ara la lluvia y la niña. La melodía acudió a su cabeza como si de un sortilegio se tratara, pero no tenía piano. Si hubiera aprendido guitarra o violín, podría haberlo robado. Se imaginó cómo sería sacar a Ángel por la ventana sin que el portero se diera cuenta.

Si tocara la guitarra o el violín, podría ganar dinero tocando en el metro. Así por lo menos tendría un empleo. Podría comprar un perrito que le hiciera compañía y aullara en el estribillo. O podría aullar él mismo.

La verdad era que no tenía dinero ni para el perrito. Nunca había tenido talento para nada excepto para la música, y ahora se moriría de hambre. ¿Podría volver a casa de sus padres después de tanto tiempo? Quizá pudiera comenzar una carrera y hacerse médico o abogado.

Ni siquiera recordaba las tablas de multiplicar... Intentó hacer memoria sobre las clases de matemáticas. Le sonaba algo llamado logaritmo, pero no caía en qué era. ¿Algo que ver con las raíces cuadradas? ¿O tal vez las redondeadas? ¿Se podría repetir la ESO?

La imagen de sí mismo, con su metro ochenta, encorvado en un pupitre del instituto, le hizo convencerse de que moriría de hambre.

 

Natalia se reunió con su grupo de amigos después de aparcar la bicicleta y atarla a una farola. Todos juntos recorrieron la ciudad, tras mostrarse sus carteles unos a otros, riendo. Todos llevaban los mismos carteles en la mano, que rezaban: "Abrazos gratis". Se los mostraban a la gente y repartían abrazos entre las personas de la calle que se mostraban de acuerdo, bregando por arrancar una sonrisa de los labios de los transeúntes. Su misión era cansada, pero la gente respondía bien y hubo momentos muy emotivos. Finalmente, cansados y ya con una sonrisa permanente en el rostro, los abrazadores se reunieron en un parque. Casi era de noche, y se acercaba el momento de separarse. Todos se fundieron en un abrazo colectivo.

Natalia estaba exultante. Se prometió a sí misma dibujar aquello en la siguiente clase de Lengua. De pronto, apareció un grupo de jóvenes que se paró al ver sus carteles. Entre risas, los abrazadores se mezclaron con ellos.

Natalia miró a su alrededor, sonriendo al ver a todo el mundo disfrutando de aquella terapia.

 

Pablo caminaba con la cabeza gacha, sumido en sus pensamientos. En sus ojos oscuros se leía la preocupación que lo embargaba. La lluvia había empapado ya completamente su pelo y su ánimo.

De pronto, mientras atravesaba el parque, pasó entre un grupo de jóvenes que se abrazaban unos a otros. Curioso.

Vio que algunos llevaban carteles. "Abrazos gratis". Sí, había oído hablar de aquello.

Una sonrisa se esbozó en su rostro, entre la amargura. Una chispa de ganas de abrazar y ser abrazado se encendió en sus ojos.

Nadie le prestó atención. Aún con la triste media sonrisa en los labios, volvió a bajar la mirada y continuó su camino sin detenerse.

 

Natalia vio a un hombre joven que pasaba entre ellos, les sonreía con timidez y seguía su camino. A lo largo del día, había aprendido a reconocer a esas personas, que les sonreían como aprobando su iniciativa pero no se atrevían a tomar parte.

No quería que se fuera con las ganas. Había percibido la preocupación en su mirada.

Vaciló un momento. Él ya se alejaba. Su cartel tembló en sus manos, así que lo agarró con fuerza, mostrándolo. Se volvió hacia él, sin seguirle. El hombre andaba con la cabeza baja, aumentando la distancia entre ellos.

-   ¿Quiere un abrazo gratis?

Natalia no habló muy alto.

 

Pablo oyó aquella voz débil, un poco vacilante pero agradable, y supo que se había dirigido a él. Se dio la vuelta y miró a quien le había hablado.

La niña de la bicicleta.

La chaqueta de lana de colores estaba mojada, y las mangas casi le tapaban las manos que sujetaban por ambos extremos el cartel de "Abrazos gratis" frente a su pecho. Los vaqueros, mojados por la lluvia, se le pegaban a las piernas. Las zapatillas deportivas que llevaba también debían estar empapadas. El viento cargado de lluvia bajó la capucha que la chica llevaba puesta, descubriendo el largo cabello claro. La niña no se movió, continuó mirándole, con aquel cartel, muy seria pero a la vez sonriendo un poquito, mientras la lluvia resbalaba por su rostro.

 

El hombre la miró un momento y después se acercó a ella con algo de timidez. Natalia, que ya había hecho aquello innumerables veces a lo largo del día, le rodeó con los brazos. Él la estrechó con fuerza, levantándola un poquito del suelo. Era más alto que ella.

 

Pablo cerró los ojos y disfrutó un momento del abrazo. Una especie de optimismo irracional surgió en su interior, una chispa de esperanza. Tal vez todo no era tan malo como parecía. Aquello había sido bonito. Algo bueno que recordar en un día horrible.

 

Cuando se separó de ella, el hombre sonreía ligeramente. La miró, con seriedad y un poquito de emoción.

-   Gracias- dijo, y su tono era sincero-. Lo necesitaba.

Después, se dio la vuelta y se marchó.

Natalia le vio marchar en silencio, con miles de preguntas en la cabeza y un sentimiento en el pecho.

It's my life!!!

Publicado en Historias, cuentos y relatos el 13 de Marzo, 2007, 20:40 por Bolinkendo
Hola! xDDDD
Como ya dije en mi primer mensaje por aqui, largo tiempo pero escasos mensajes ha, voy a hablar de It's My Life.
It's My Life es un proyecto a largo (muuuuy largo) plazo, en teoria para Canary Freaks Productions. Antes de nada, advertir: Es un musical. Sí. Un musical. A ver xDD.
Bueno, la lista de personajes principales, argumento resumido y lista de canciones
, la dejo caer por aquí. Sólo recalcar que esto es provisional, igual al final cambio el guión por una historia de guerra entre dos galaxias pobladas únicamente de barrenderos psicóticos o.O
Poco más que explicar. Por si alguien se pierde, lo que aparece después del nombre del personaje, [entre corchetes], es la voz que representa. Es decir, ese es el nombre que se utilizará cuando su voz participe en una cancion en la que no sale. Sí, es algo lioso xDD
El argumento resumido está por corregir, pero creo que esta suficientemente decente como para que vea la luz.
Y de las canciones, pues que entre paréntesis está el intéprete original y entre corchetes, qué personajes la cantarán. Por cierto, que con CLaudia me refiero a Claudia Cervantes, y con Claudia Sainz, pues a Claudia Sainz xDDD
Por cierto, especiales agradecimientos a Saphira por ayudarme y soportar mi tabarra xDDD (Quedaba decirtelo por escrito en tiempo no-real)
Hala, ahí va ^^

PERSONAJES:

· Joaquín López. Es algo barriobajero y se cree un Don Juan. Apuesta 25€ con su mejor amigo a que puede hacer lo que le venga en gana con las chicas. [Voz 1]

· Claudia Cervantes. Es inocente y muy optimista. Se enamora de Joaquín casi a primera vista y se deprime cuando se entera de que solo la quería por la apuesta. [Voz 2]

· Lucas Arbetrer. Mejor amigo de Joaquín. La noche de la fiesta en la casa de Andrés le apuesta 25€ a que no es capaz de "llevarse a la cama" a quien él le diga (En este caso, Claudia). [Voz 3]

· Marta Bonete. Mejor amiga de Claudia. También es algo popular, así que a veces la deja sola. [Voz 4]

· Cristina Balvaneda. "Ex" de Joaquín. Todavía le quiere y es muy barriobajera. Viste mejor de lo que puede y, aunque es débil interiormente, se hace la fuerte. [Voz 5]

· Carlota Balvaneda. Hermana mayor de Cristina. Le cae muy mal Joaquín por lo que le hizo a su hermana. [Voz 6]

· Claudia Sainz. Ligue de Joaquín cuando vive en Madrid. Discute con él y con Claudia Cervantes cuando se encuentran los tres. [Voz 7]


ARGUMENTO (RESUMEN):

En una fiesta, Joaquín apuesta con su mejor amigo que es capaz de hacer lo que quiera con las chicas para que deje a Crsitina y así intentar salir con ella, así que Joaquín empieza a salir con Claudia. Ésta quiere ir más lento, así que tendrá que recurrir, en ocasiones, a la mentira, aunque finalmente, él la convence para hacer el amor. Cuando la chica se entera de lo que pasa en realidad, se desilusiona y deprime profundamente, porque ella estaba realmente enamorada.

Cuando las chicas con las que solía salir se enteran de todo el montaje, le empiezan a dejar de lado por "mala persona", no por haber dejado a Claudia sino por haberlo hecho con Cristina.

Justo entonces, la familia de Joaquín tiene que mudarse a Madrid. Como hasta entonces, Joaquín no tiene internet, así que apenas puede comunicarse con sus anteriores amigos. Cuando regresa de vacaciones, dos meses después, se encuentra con que Claudia se había quedado embarazada de él y había tendio que abortar, pero aun así -o quizá por eso- no accede a hablarle.

Entretanto, Lucas había intentado salir con Cristina, pero ésta se lo había negado varias veces. Debido a su entorno, cada vez peor, y a la presión que supone que Joaquín vuelva, aunque sea sólo una semana, se rinde y decide suicidarse. Antes de que Joaquín o Lucas lo sepan, Carlota, enfurecida, se pelea con ellos, pero no pasa de ahí.

Tanto Lucas como Joaquín se consideran culpables del suicidio, y mientras Lucas se queda encerrado, Joaquín intenta olvidarlo todo con un par de "noches locas", pero cuando vuelve a Madrid, no puede olvidar a Claudia. Por su lado, Claudia aún sigue enamorada, pero necesitaba tiempo para pensar. Al fin, cuando su madre le dice que van a Madrid tres días, se decide a llamar a Joaquín.

LISTA DE CANCIONES (POR ORDEN DE APARICIÓN)


· It"s my life (Bon Jovi) [Joaquín]

· En casa de Inés (Guaraná) [Joaquín y Lucas]

· Me colé en una fiesta (Mecano) [Claudia]

· I"m a vampire (Glamour to kill)[Joaquín y Lucas]

· La negra flor (Radio Futura) [Lucas y Cristina]

· Lento (Julieta Venegas) [Claudia]

·Nave espacial abandonada (Fangoria) [Cristina]

· Until the end (Norah Jones) [Cristina y Carlota]

· Todo / Contigo (Pereza) [Joaquín]

· Blanco y negro (Sôber) [Claudia]

· Happy Birthday (Flipsyde) [Joaquín y Claudia]

· Tiempo a un reloj (Póg Mo Thón) [Carlota]

· The Spirit Carries on (Dream Theater) [Cristina]

· Yesterday (The Beatles) [Lucas]

· Duele el amor (Alex Syntek y Ana Torroja) [Joaquín y Lucas]

· Puedes contar conmigo (La Oreja de Van Gogh) [Claudia]

· Y cómo es él (Jose Luis Perales) [Claudia y Claudia Sainz]

· Emociones (Jarabe de palo) [Todos]