Querida compañera de clase

Publicado en Cosas que pasan el 20 de Febrero, 2007, 22:19 por Saphira Aurion

Querida compañera:
 

Antes de ayer me hablaste sonriendo, pero con una sonrisa que desmentían tus ojos, me hablaste como se les habla a los niños pequeños o a los locos, con un brillo de burla en tu mirada, con tus amigos expectantes escuchando, sabiendo que estás haciendo una gracia. Ayer te sentaste encima de mi mesa, y cuando te pedí que te quitaras te molestaste, como si yo no tuviera derecho alguno a perturbar tu procedimiento de hacer lo que se te antoja a cada instante. Hoy me miraste mal, me hablaste con asco, te metiste conmigo y me insultaste, te burlaste de mí, me dejaste en mal lugar delante de todos.

Crees que eres superior a mí, piensas que tienes derecho a tratarme como quieras. No te lo discuto, cada cual tiene su opinión, y tengo claro que tú tienes esa forma de ver el mundo. Y si para ti soy una hormiga, lo que te diga un insecto no va a cambiar tu modo de verme. Así que ahorraré tiempo y esfuerzo y no trataré de convencerte de nada. Creo, simplemente, que somos diferentes.

Miro hacia atrás y veo que incluso de niñas fuimos diferentes, yo con pantalones, tú con falda rosa, yo pelo corto y revuelto, tú primorosas coletitas. Yo con un peluche en la mano, un león, un perro, tú con una muñequita tan delicada como su dueña. Yo saltando y jugando, volviendo a casa despeinada y con la ropa sucia de andar por ahí, tú sentándote a jugar a las mamás y los papás.

Y más adelante, unos pocos años tal vez, lo mismo. Yo con gafas, siempre un poco torcidas (como ahora, ¿lo ves?), en camiseta, tú con ropa de marca, preocupándote por esas cosas ya a los ocho años. Yo sentada en el suelo, leyendo El Señor de los Anillos y tú con la Vogue. Yo alternando con elfos y orcos, llevando una espada en mi mente, tú aprendiendo las últimas tendencias de la moda para mujeres diez años mayores. A mundos de distancia.

Aún hoy en día, tú eres tan elegante, tan distinguida a primera vista, y yo soy la que te mira por encima de las gafas cuando gritas palabrotas en el patio. Tú haces las tareas con cuidado, yo sé qué es una fragata. Tú preguntas qué significa "cáustico", yo respondo, tú sacas buenas notas, yo no. Tú eres limpia, cuidadosa y ordenada, yo soy despistada y sueño despierta. Creo que tú no sueñas ni dormida.

Así hasta hoy. Pero, escucha, niña que no sueña, ¿puedes imaginar cómo será el futuro? Yo puedo decírtelo si quieres.

Tú vivirás en una casa grande, tendrás una vida organizada, limpia y de plástico. Trabajarás en alguna oficina o serás la dueña de alguna bonita empresa. Estarás casada, con hijos a los que educará otra persona porque tú estarás ocupada. Irán a casa de sus abuelos y verán Magic English, que es educativo, y por las tardes se sentarás dos horas diarias a estudiar, a parte de hacer los deberes. Después, cenarán solos en la cocina y cuando tú vuelvas a casa, les darás las buenas noches a esos niños tan monos, bañaditos y en pijama que te traerán los exámenes para que se los firmes. Si son buenas notas, que lo serán, les podrás dar el merecido premio, como el nuevo reproductor de música de moda al chaval y esas botas de tacón a la niña. Y después, buenas noches y a la cama.

Yo viviré en una casa en la que siempre habrá un problema por arreglar, una pared que pintar o un cajón que no se abre. Puede que tenga pareja, y trabajaré en lo que me guste. Tendré tiempo para estar con mis hijos, pero aún así de vez en cuando los llevaré a casa de los abuelos, donde verán antiguas películas mudas de risa con el abuelo, y la abuela les contará cuentos o trabajará con ellos en el jardín, enseñándoles a cuidar las plantas. Después, cenaremos todos juntos en la cocina, puede que debajo de esa lámpara que hay que cambiar y nunca se cambia, y me contarán todas esas cosas emocionantes que les hayan pasado durante el día. Después, subiremos a su habitación e inventaré un cuento para el pequeño, mientras que la mayor viene a pedirme que le recomiende un libro.

Un día coincidiremos en el supermercado, tú vestida como para ir a una boda, yo en vaqueros. Tu hijo mayor estará durmiendo aún porque ayer por la noche salió y tiene resaca, mi hija estará haciendo senderismo con sus amigos. Tu hija pequeña estará sentada en el carrito, vestidita de rosa y con una muñeca en los brazos. No será como la que tenías tú, ésta habla, anda y se va con los colegas de fiesta por las noches. Mi hijo estará sentado en el carrito también, pero con la vista fija en algún libro de Kipling, o tal vez de Asimov. Le encantará la Ciencia Ficción, como a su madre.

Hablaremos un momento, trataremos de que los niños se saluden, pero la tuya estará a punto de tener una rabieta y el mío estará enfrascado en su libro. Tú y yo intercambiaremos unas pocas palabras sobre lo que ha pasado en todos esos años, me hablarás de tu vida, de tu marido, de esos desconocidos que son tus hijos.

Y entonces, querida compañera, seré yo la que te sonría y te hable como a los locos o a los niños pequeños, pero con un brillo de lástima en la mirada.