Los reyes de la cabalgata van disfrazados, pásalo

Publicado en Historias, cuentos y relatos el 5 de Enero, 2007, 22:18 por Saphira Aurion
Ahí va un relatillo corto... que cada cual le encuentre el sentido que quiera.

Los reyes de la cabalgata van disfrazados, pásalo

P.D. Y los camellos también

Llegada cierta edad, la cabalgata de Reyes pierde su encanto. La mayoría de los chavales de dieciséis años que conozco pasan de ir, pero cuando uno tiene un hermanito pequeño, como yo, se convierte en una obligación secundada por los  padres. De forma que me tragué todo el desfile, sintiendo que desentonaba en aquella tempestad de colorines y música. Iba vestido con mis All Star negras con fuego dibujado, vaqueros y una sudadera de Dream Theatre, con los cascos del Ipod puestos con la intención de ahogar los villancicos enlatados. Mi hermano, un tipo bajito y rubio de ocho años, estaba completamente feliz dando saltos en la acera, con las mejillas arreboladas por debajo de la capucha que mi madre le obligaba a llevar "para que no se le enfriaran las orejas". Al cabo de un rato, al ver que los Reyes tardaban, el canijo se sentó en la acerca, y yo me hice hueco a su lado. Le tendí un casco y él, sorprendentemente, lo aceptó.

-   ¿Te gusta?- le pregunté. Waiting for sleep era lo que sonaba en nuestros oídos.

-   Pon algo más cañero, Jaime- me pidió, haciendo gestos de batería con las manos.

¿Más cañero? ¿De dónde sacaría aquellas palabras un chavalín como él? En fin, si eso quería, yo estaba dispuesto a dárselo. Le puse Slipknot a todo volumen. Miguelito marcó el ritmo con el pie durante un rato, haciéndose el mayor y el duro para impresionarme y sin darse cuenta de que tenía pinta de angelito con las mejillas sonrojadas, la sonrisa infantil y el pelo rubio revuelto. Soltó el auricular unos momentos más tarde, para oír la música de la banda de villancicos que se acercaba, emocionado. Yo volví a mi mundo.

Después de la cabalgata fuimos a tomar chocolate con churros y no estuvo del todo mal. Después, al volver a casa, enfilé hacia mi cuarto y encendí el ordenador para ver si me había llegado un mail que estaba esperando. De pronto, oí que algo llegaba a gatas por el pasillo, y Miguelito entró en mi habitación con aire furtivo.


-   Jaime- murmuró-. ¿Tienes una linterna o una lámpara que alumbre poco?

Presintiendo por dónde iban los tiros, pregunté:

-   ¿Por?

-   Me quiero quedar despierto hasta que vengan- explicó él, con su carita angelical. Se lo pensó y añadió, en tono conspirador-: Para ver si son de verdad los Reyes o son mamá y papá.

-   ¿Cómo van a ser mamá y papá?

Él me miró con los ojos muy abiertos.

-   Jaime. Hay gente de mi clase que dice que de verdad de verdad no existen.

-   Los de tu clase no saben nada.

-   ¿Los de la tuya se lo creen?

-   Algunos hasta les han visto.

-   Pues que tengan cuidado- sonrió-. Si los Reyes les ven mirando, dejarán de ir.

-   Pues no te quedes tú esperando esta noche.

-   Pero, ¿y si son mamá y papá?

-   Que no son, Miguel, qué pesado. A ver, ¿por qué van a ser ellos?

Se quedó serio.

-   ¿Te acuerdas de tu caja de juegos de magia?

-   Sí- respondí, sin entender.

-   Yo creía que eran de verdad, pero no eran. Eran sólo trucos. Así que puede ser...- abrió mucho los ojos-. Que la magia no exista de verdad.

-   No tiene nada que ver.

Procedí a darle miles de razones por las cuales no podían ser papá y mamá: que si no había dinero, que si siempre estaban con él o conmigo... Todo cosas muy vagas, pero mi supuesta profunda convicción y mi fe en los Reyes pareció hacerle dudar de sus propias sospechas. Se sentó en mi cama y me observó, pensativo.

-   Lo que sí podría ser... es que sean unos que contrata el Gobierno para que repartan regalos... que toda la gente se haya puesto de acuerdo, elijan a unos y esos tres vayan por todo el mundo y regalen cosas.

Le miré, perplejo. Mi hermano estaba como una cabra...

-   Aunque no hay nadie que quiera ir por ahí a repartir regalos- concluyó, triste.

-   Claro que sí: ¡los Reyes!- insistí.

-   Unos Reyes pero que no sean mágicos.

Lo pensé un momento.

-   Pues a mí, que toda la gente de todo el mundo se ponga de acuerdo para elegir a tres que regalen, me parece mágico.

-   Eso, ¿mágico?

-   Claro. ¿No sabes lo difícil que es hacer que la gente se ponga de acuerdo? Imagina a todas las personas del mundo de acuerdo para repartir ilusión a los niños. A mí me parece magia.

Miguel asintió, sumido en sus pensamientos.

-   Jaime, ¿así que tú crees que los Reyes son de verdad?

-   Sean quienes sean, me da igual, mientras nos dejen regalos...- bromeé, quitándole importancia al asunto.

Miguel se rió conmigo.

-   Entonces me duermo, por si acaso son de verdad- decidió.

Salté sobre la cama y empecé a hacerle cosquillas, mientras él se retorcía.

-   ¡Entonces corre a la cama, sabandija!

Mi hermano se escurrió y me marchó de nuevo a cuatro patas, sonriente.

Yo apagué el ordenador y me quedé despierto, pensando en la magia de los Reyes magos, existan o no, y en aquella seriedad de mi hermano, acabada con la fugaz sonrisa al recobrar un poquito de ilusión.

Fuera, en el cielo, brillaba una estrella.