K. B. Krouger- Kai para los amigos

Publicado en Cosas que pasan el 3 de Enero, 2007, 0:39 por Saphira Aurion

Bueno, supongo que estaréis hartos de oír a dueños de perros hablando sin parar de sus mascotas. Hay quien piensa que poco se puede contar sobre un perro, pero no estoy de acuerdo. Creo que, al igual que cada persona tiene una historia distinta, muchos perros también. Porque es un poco como si la historia del perro naciera de la del dueño. No sé cómo explicarlo.

En cualquier caso, si pensáis que os vais a aburrís o que conocéis ya la historia, pasad de este post. A vuestra elección ^^ Yo voy a hablar largo y tendido sobre Kai.

 

Desde que yo era pequeña, mi meta en la vida era tener un perro. Ahora que lo tengo, mi meta es otra, pero en fin, a los nueve años no pidáis más. El caso es que vivía en un piso, y como a tantos niños, me pasó lo de:

 

-   ¿Puedo tener un perrito?

-   Pues no.

 

El caso es que al cabo de muchos años, la ansiada "casa con jardín" llegó, y pasó a llamarse "la casa nueva", y luego "mi casa". Y el verano antes de mudarnos, obligué a Anti a acompañarme en un tour por todas las tiendas de animales y consultas veterinarias de Santa Cruz, pegando carteles de "¡BUSCO CACHORRO!" con mi teléfono. Estaba muy ilusionada, y más cuando empezó a llamar gente. Ninguno parecía el adecuado. Algunos era para que lo recogiéramos ya, pero hasta que no nos mudáramos no podía ser, otros eran caniche, otros...

Se tramitó a medias la compra de un cachorro de cocker spaniel, pero al final quedó en nada la cosa. Yo me desesperaba. Llegó septiembre y no nos habíamos mudado. Entonces, no me acuerdo de quién fue la idea, compramos un periódico de anuncios. Mi madre y yo registramos los de perritos, y encontramos el número de una protectora. Llamamos, y tenían un cachorro macho, además de varias hembras. Nos interesaba el macho.

Además, había un anuncio de una señora que regalaba cachorros de mezcla de huskie y alaskan. Vamos, perritos de trineo total (en Canarias xD). También llamamos, y concertamos cita con las dos el mismo día.

Qué nervios. Fuimos primero a la protectora. Era un sitio grande, los perros tenían bastante espacio, aunque vivían varios en cada cerca. La señora que nos atenduió era amable y todo estaba más o menos limpio y con buena pinta. Abrió una "jaula" y salió un cachorro de pastor, todo rubio, que lo primero que hizo fue tirarse encima mío a jugar conmigo. Mi madre dijo que parecía que sabía perfectamente a quién había que "convencer". Recuerdo que corrí y él me seguía, le tiré palos y los fui a buscar. Mi madre hablaba con la señora de la protectora. Entonces, el cachorro se puso a perseguir a mi hermano y el niño gritaba: "Éste no, María, coge a otro!"

Esa misma tarde, fuimos a ver a los otros cachorros. No tenían buena pinta, eran más pequeños, sí, pero también menos sociables y no nos gustaron mucho. Eran minilobitos, muy monos, sí, pero poco simpáticos. Al volver, mi madre y yo dimos un paseo. Ella no quería hablar de los perritos para no influenciarme: quería que eligiera yo.

Por la noche, llamamos a la protectora para decir que nos quedábamos con el cachorro rubio, que se iba a llamar Kai.


 

Kai significa "compañero" en el élfico de un libro de Laura Gallego. Supongo que no hay palabra que defina mejor a mi perro. Fuimos a buscarle en Diciembre, cuando ya nos habíamos mudado. Concretamente al día siguiente. Cuando nos vio llegar, estaba completamente feliz, pero no se alegró tanto al tener que ponerse la correa. En el coche, se echó encima mío, contento. Recuerdo que, preocupada, la dije a mi madre que no estaba segura de si Kai me iba a querer. Estaba bastante equivocada, creo xD

 

Ahora creo que debo contar la historia del cachorro, hasta donde la conozco, antes de que llegara a nuestra casa. Es breve: sus dueños lo abandonaron con dos meses en la autopista, para que lo atropellaran. Alguien lo encontró y lo llevó a la protectora.

 

Los primeros días que pasó en casa, estaba muy nervioso. Obviamente estaba contento de estar allí y se ganó rápidamente a toda la familia, pero cuando salíamos de paseo, se daba la vuelta todo el rato para mirar a la casa, como si temiera que fuera a desaparecer. Si nos alejábamos tanto que no se veía, se pegaba a mis piernas todo lo que podía, casi haciéndome caer, con miedo a que lo dejara allí.

 

Poco a poco, se fue haciendo a la idea de que queríamos que se quedara con nosotros. Empezó su fase en entrenamiento. Ahora está más vago (yo también), pero los que lo vieron de pequeño, afirmaban que era como un soldadito. Le enseñé (y aprendió) rápidamente su nombre, y las órdenes "ven aquí", "al paso", "siéntate", "quieto aquí", "la pata", "la otra pata", "échate", "no", "fuera" y "¡hop!" (esa última para que salte). Me podía pasar horas en el jardín con él. "entrenando" y jugando. Iba a buscar palos, pero no siempre se acordaba de traerlos de vuelta. Peleábamos por el césped y me mordía, pero nunca me hizo daño, excepto una vez. Estábamos jugando y me mordió con demasiada fuerza. Me hizo sangre. Lloré y le enseñé la herida. Al oler la sangre en mi brazo y verme llorando, empezó a gemir, completamente asustado, y a lloriquear. No me ha vuelto a morder con fuerza.

En una de esas tardes de juegos, sólo por probar, le mandé quedarse quieto, y levanté un palo sobre su cabeza, sin intención de pegarle. Salió huyendo como un bólido. No quería saber nada de pruebas de confianza semejantes, y dejé la idea.

 

Por aquella época, mi casa seguía medio en obras (problemas con el agua o_0) y había gente pululando por ahí. Una vez, estaba yo sentada en el sótano, de espaldas a la puerta, con Kai. Por detrás de mí entró un obrero que Kai no conocía, y yo no lo vi. El perro pegó un bote, se interpuso ladrando y gruñendo entre los dos, y no se tranquilizó hasta que no le hablé yo. Desde entonces, me considero protegida cuando está cerca.

Fue pasando el tiempo y se convirtió en un perro grande y peludo de pastor. Entonces pasó la primera "desgracia". Una mañana me desperté para ir al colegio. Era de noche, como siempre (sería Enero o así), y mientras me vestía medio dormida oía aullidos en la calle. De pronto, la puerta de mi cuarto se abrió y entró mi madre: "Sal deprisa. Han atropellado a Kai".

En efecto, mi perro se había escapado y un coche se lo había llevado por delante en mitad del paso de peatón. El conductor había seguido de largo, y nosotros recogimos a Kai y lo llevamos al veterinario. Estuvimos en la consulta mucho tiempo, hasta que nos dijeron que tenía varios problemas en las caderas, que podía tener la columna mal y que se tenía que quedar interno en la clínica si queríamos operarlo para intentar salvarlo. Queríamos.

Mi madre me recogió del colegio y me llevó directamente a la clínica. Allí me dejó, y yo fui a ver a Kai. Estaba en una jaula bastante grande. Me dejaron abrirla y sentarme en la entrada, de forma que él podía apoyar la cabeza en mis rodillas. Estuvimos ahí toda la tarde hasta que mi madre vino a buscarme, y le dejé mi camiseta ahí, para que pudiera tener algo nuestro (yo llevaba jersey, malpensados ¬¬)

Estuvimos así como dos semanas, yo yendo a estar con Kai todos los días. Le operaron dos veces y salió bien de ambas. Entonces, tocó rehabilitación. No sabíamos si  podría volver a andar, y mi madre decía que si se quedaba cojo, prefería sacrificarle a hacerle sufrir. Le preguntamos al veterinario cuáles eran los pasos a seguir y dijo que no lo sabía. Ninguna otra persona había llegado tan lejos a la hora de salvar a su perro. La mayoría, al ver simplemente el estado en el que se encontraba después de accidente, los sacrificaba.

Con mucha imaginación, iniciativa, colaboración de los veterinarios y una botita de goma, nos las ingeniamos para hacerle a Kai una rehabilitación. Y él volvió a caminar, despacito.

 

Volvió a pasar el tiempo. Kai se recuperó completamente (sacrificarlo... ¬¬). Volvió a saltar la valla (es alta) para escaparse, volvió a adelantarme al correr yendo yo en bici. No quiso volver a cruzar la calle solo. Todo se normalizó. A partir de entonces, cuando vamos al veterinario, Kai no cabe en sí de alegría y ellos tampoco. Todos le conocen y el animal entra feliz a saludarles. Adora al veterinario que le operó. Como el mismo hombre dice "Kai, no sé cómo puedes quererme tanto con todas las inyecciones y todo el daño que te he hecho...". Yo sí lo sé. Creo que de alguna forma, Kai sabe que él le ha ayudado.

 

Aprendió muchas más cosas. Yo creo que, de alguna manera, él y yo hemos llegado a entendernos tan bien que yo sé qué pretende por el modo en que ladra, se mueve o mira. Y él sabe lo que quiero decir yo con mi tono de voz. De otra forma, no me explico que, yendo ambos por la calle, si yo le digo: "Arriba, a la acera", él lo haga, o que al pasar delante de unos perros que le ladren y él les mire, yo le diga "No vayas", y él no entienda. Como esas, muchas órdenes no-claras y además desconocidas las entiende. Ejemplos: "No cruces la calle", "Espera", "Ven a saludarme y luego vete".

 

Al cabo de un año, volvió a ocurrir un accidente. Veamos, al lado de mi casa pasa un canal. Kai era adicto a escaparse por debajo de la verja y saltar al canal, para pasearse por él. Mi hermano y yo íbamos tapando todos los agujeros para impedírselo, pero él no se dejaba. El caso es que un día volví de clase y me recibió la chica que limpia en mi casa, Elena, con un: "Qué bien que has venido pronto hoy: Kai apareció esta mañana en el canal, no puede subir y no sé cómo ayudarle. Lleva desde por la mañana ahí metido..."

Normalmente, Kai salta arriba y abajo del canal sin problemas. Fui a casa y me lo encontré allí. Al verme dio un salto. Eché a correr hacia la puerta que da a un puentecito sobre el canal, y él intentó correr hacia mí pero parecía que le dolían las patas traseras. Una vez en el puente, le mandé que saltara y no podía. Lo intentó, pero gemía de dolor. Yo bajé de un salto al canal, y él se volvió loco de alegría, lamiéndome las manos y  pegándose a mí. No sé cómo (¿he mencionado que es un perro grande? xD)  lo levanté en brazos, lo saqué del canal y lo llevé a dentro de casa. Le di agua y parte de mi filete y bebió y devoró completamente desesperado. Luego, me senté a comer yo. Estaba en la cocina, sentada en la mesa de forma que podía ver por la puerta del pasillo, donde estaba él en su mantita. Se dio la vuelta, aunque le dolían las piernas de atrás, para poder mirarme.

Sonará a tópico, pero nunca había visto tanto agradecimiento junto en una mirada. Me miraba como diciendo: "¡¡Mi héroe!!" Entraron Elena y mi hermano, y se pusieron a hablar de forma que interrumpían el contacto visual. Me incliné un poco hacia un lado, a tiempo para ver que también Kai se cambiaba de postura para no perderme de vista. Dos mentes, un pensamiento.

Ahí estábamos, yo seria, examinándole con la mirada, y él mirándome con adoración, cuando entró mi madre. Le expliqué lo que había pasado y allá que nos fuimos al veterinario otra vez.

 

Esta vez no fue nada grave. Al poco, continuaba andando como si nada hubiera ocurrido, pero me pareció importante contar la anécdota. De alguna forma, fue ahí cuando fue más evidente el vínculo entre Kai y yo. Cuando nos mirábamos en silencio, después de que yo lo sacara del canal.

¿Qué más contar de él? Es, al menos para mí, un perro excepcional. Con la edad se ha vuelto más protector: ahora les gruñe a extraños por la calle, si se me acercan demasiado, y más si son chicos o llevan la cara tapada. Yo noto cuando está a punto de gruñir por la vibración del collar. Todavía jugamos a pelearnos, pero de forma más light. Además, ahora me sé el truco. Si, aunque sólo me tenga pillado el jersey, yo finjo que me duele, él me suelta. Sin excepción.

He cambiado la órden "al paso" por "conmigo", porque es lo que le dice uno de un libro a su lobo. Kai lo entiende de todas formas. "Kai, conmigo". Suena guay xD

Por cierto, se lleva bien con el gato. Lo único, que le lame y el pobre gatito acaba empapado. Pero lo lleva con dignidad.

Ah, y ahora puedo levantar un palo sobre su cabeza todo el rato que me dé la gana. Sabe de sobra que no le voy a dar. SI además lo agito, él me mira y mueve el rabo, como sonriendo, como diciendo "¿Qué? No, tú no me harías eso".

 

Como ha dicho una amiga hoy, cosa que me ha inspirado para el resto del texto: "Es que Kai es como si te quisiera un montón, de una forma extraña".

Bueno, corto esto para ir a abrirle la puerta de mi cuarto al susodicho perro, que quiere entrar para tumbarse un rato en la alfombra mientras yo escribo y estoy por Internet.

Sabe perfectamente abrir puertas, pero por alguna extraña razón quiere que vaya a abrirle yo.